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Las interrupciones de Donald Trump durante el debate, ¿un problema de género?

La carrera presidencial en Estados Unidos ha revelado muchos de los contrastes que existen en sociedades modernas. Aunque ciertos temas son particulares al contexto estadounidense, otros pueden ser vistos también como universales. Ninguno más evidente que la diferencia de género. Empezando porque en Estados Unidos –al igual que en muchos otros países– jamás una mujer ha estado al frente del gobierno.

En los dos debates, como en cualquier otro, han habido cuestionamientos, ataques y propuestas. Pero hay un detalle que llama la atención: la cantidad de veces que Donald Trump interrumpió a Hillary Clinton.

Mansplainning: deja yo te explico

Este término se ha utilizado recientemente para explicar un fenómeno que podemos ver todos los días. Una mujer habla sobre algún tema o compartiendo una opinión, digamos, de literatura inglesa. Mientras habla un hombre la interrumpe. Ahora procede a “explicarle” de forma condescendiente que está equivocada. Pequeño detalle: ella tiene una maestría en letras inglesas y él jamás ha leído una obra de Shakespeare.

Es algo que podemos ver todos los días en juntas de trabajo o en cualquier otro espacio. Esto no significa que las mujeres no puedan estar equivocadas. Son las formas en las que se trata de establecer una superioridad por el simple hecho de ser hombre.

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En un debate presidencial es evidente que ambas partes quieren imponer sus ideas y puntos de vista. Lo que genera una inquietud particular son las formas que ha utilizado cada uno de los contrincantes para establecer sus argumentos. Las interrupciones y negaciones han sido clave en la estrategia de Donald Trump

¿Cuántas veces interrumpió Trump?

Para establecer si este es un problema de género primero habría que definir que es una interrupción. Varios medios estadounidenses contabilizaron las interrupciones del primer y segundo debate y los números no eran los mismos. Por ejemplo, en el primer debate The New York Times contabilizó 39 interrupciones mientras que AJ+ contó 28. Más extremo es el caso de FiveThirtyEight que sólo indicó tres interrupciones.

Leah Libresco, una antigua colaboradora de FiveThirtyEight, explicó por qué sólo identificaron tres interrupciones. Para ella una interrupción es cuando la persona que arrebata la palabra sigue hablando hasta lograr que la otra se calle. Mientras que una interjección es un intento de interrupción no logrado. Bajo su criterio, en el primer debate Trump interrumpió tres veces y se interpuso en 24 ocasiones.

Sarah Frostenson de Vox contabilizó las interrupciones de una forma más literal. “Hubo ocasiones en las que Trump sólo decía ‘No. No. No.’ Lo hacía en tres sucesiones rápidas. Algunos podrían decir, ‘Oh, esa es sólo una interrupción’. Pero nosotros lo tomamos literalmente.” Vox determinó que Donal Trump interrumpió 51 veces a Hillary Clinton.

En el segundo debate Vox contabilizó que Donald Trump la interrumpió “solamente” 18 veces en 90 minutos. Hillary sólo lo hizo una vez.

Sumado a este problema de definiciones están algunos estudios que tratan de explicar si existe un comportamiento diferente dependiendo del sexo. El tema es complejo porque no existe una sola forma de interrumpir. Decir “ajá” o “claro” mientras alguien habla es una interrupción pero la intención podría ser para motivar al otro a seguir hablando. Para muchos de estos estudios un factor determinante es la intención con la que se interrumpe. Algo que por cierto también es difícil de definir. Por lo que sólo se concentran en las interrupciones negativas: quitarle la palabra a otra persona.

Quién interrumpe más a quién

La ciencia no ha logrado determinar si el género es un factor determinante en el número de ocasiones que se interrumpe a un interlocutor. Algunos como Celia Kitzinger, profesora de análisis de la conversación, señalan que no es un factor. Otros estudios sugieren que podría serlo pero menos de los que creemos.

Un estudio de la Universidad de Washington realizado en 2015 por Adrienne Hancock mostró que sí hay algunos patrones que se repiten, pero las diferencias son muy pequeñas. El promedio de interrupciones fue más alto cuando dos mujeres conversaban: 2.9 en conversaciones de tres minutos. El máximo fue de nueve interrupciones.

El segundo lugar lo ocupan pláticas entre un hombre y una mujer en el que el hombre interrumpe: 2.1 en promedio y un máximo de 9. En tercero un hombre interrumpiendo a otro hombre con un promedio de 1.8 y un máximo de siete ocasiones. Por último, una mujer interrumpiendo a un hombre: 1 interrupción promedio y un máximo de tres.

Este último lugar puede explicar porque, aunque los números no sean tan altos como podríamos creer, muchas mujeres tienen la percepción de que los hombres les arrebatan la palabra con mayor frecuencia. Es importante señalar también que esto sucedió en conversaciones controladas. Los números podrían ser mucho más altos en escuelas, oficinas y demás espacios. Así como factores de jerarquía: es probable que un empleado interrumpa menos a un jefe. Sobra decir que el porcentaje de hombres en puestos altos es mayor al de mujeres.

La reacción de Hillary Clinton

Es difícil determinar si las constantes interrupciones de Donald Trump forman parte de problemas de género como el mansplainning. Pero la forma en la que FiveThirtyEight contabilizó interrupciones e interjecciones nos permite llegar a una conclusión. La actitud de Hillary Clinton de no callar ante los intentos de Donald Trump por quitarle la palabra son un gran ejemplo de cómo evitar actitudes que estimulan la violencia de género.

Alguien llame al Servicio Secreto.
Alguien llame al Servicio Secreto. money.cnn.com

“Desde mi posición política, hay cosas que me gustan y cosas que no me gustan de Clinton. Pero después de haber tenido la experiencia de ser interrumpida y no apoyada por un jefe, fue un momento tan ‘chingón’ verla sin intimidarse por un hombre que intentaba evitar que ella hablara”. Leah Libresco.

Podrá parecer una “pequeñez” que un hombre le quite la palabra a una mujer o le explique con un tono condescendiente. Pero estas acciones contribuyen a que se mantengan distinciones de género que rayan en la discriminación. Como que el género determina la capacidad o no para ejercer un puesto, o dar la opinión de un libro.