¿Por qué demonios celebramos el Día de la Raza?

Para mi Cristóbal Colón siempre será Gérard Depardieu navegando los implacables mares del Atlántico mientras suenan las gloriosas notas de Vangelis. De eso tiene la culpa Ridley Scott y su letárgica película, que si bien es visualmente atractiva, resulta perfecta para combatir el insomnio. Para lo que definitivamente no sirvió la cinta fue para contestar aquella milenaria pregunta: ¿Por qué demonios celebramos el Día de la Raza?

Desde que tengo uso de razón, cada 12 de octubre se festeja a la raza (y eso que la raza siempre le anda diciendo a Alex Lora que todo lo que hace está mal). Si bien Alex le echa muchas ganas, mis maestros de historia nunca lo hicieron. Ante la duda, decidí poner fin a esta situación.

Marinero a la mari, mari, (a)mar.

Para celebrar los 500 años de aquel día en que Cristóbal Colón (o Cristoforo Colombo pa’ los cuates) llegó a tierras americanas, Hollywood llevó a las pantallas un ambicioso proyecto cuyo nombre fue 1492: La conquista del paraíso. Aunque sabemos que, en efecto, Cristoforo arribó a las paradisiacas Bahamas, él no tenía la más remota idea de que estaba pisando el nuevo mundo.

Aún así, en Estados Unidos existe una peculiar admiración por Colón y su involuntario descubrimiento. Además del tributo cinematográfico, los norteamericanos decidieron en algún punto de su historia celebrar el Columbus Day y rendirle homenaje a este marinero de agua salada (a pesar, incluso, de que Colón ni siquiera anduvo por esos lares).

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Si bien la celebración se hizo oficial hasta 1937, existen registros de que la gente en los United ha celebrado al Christopher desde épocas ancestrales. Por ejemplo, en 1792 tanto Nueva York como otras ciudades gabachas celebraron el aniversario número 300 del descubrimiento. Y al cumplirse los 400 años, maestros, poetas, religiosos y políticos aprovecharon las festividades para hablar sobre los valores del patriotismo.

¿Era acaso Colón un ejemplo de patriotismo para los estadounidenses? Si viéramos lo evidente nos costaría trabajo creerlo. Un marinero italiano busca al mejor postor (primero Portugal, luego España) para patrocinar un viaje a las Indias. No suena muy nacionalista, la verdad, sin embargo algo en el discurso del conquistador parece atraer a nuestros vecinos del norte. Un discurso que, según Belen Fernández, especialista en Ciencias Políticas de la Universidad de Columbia, habla de destrucción física y económica de otro territorio.

A la conquista de nuestros corazones… tierras, creencias, tesoros y más.

Lamentablemente en aquellas épocas, me refiero a 1492, la frase “vamos por indios y nos los echamos”, nada tenía que ver con tomarse unas cervezas. Para ponerlo de manera bonita, Cristóbal Colón llegó a América para echarse muchas, muchas cervezas. Alguna vez escribió en su diario, tras algunos meses en tierras americanas, algo así como “el cristianismo hará muchos negocios aquí”. Y vaya que hicieron negocios, unos bastante violentos e injustos.

El escritor uruguayo Eduardo Galeano, en su libro Las venas abiertas de Latinoamérica, menciona cómo las masacres de los indios empezaron con Colón y de ahí se convirtieron en una especie de tradición inacabable. Es quizá esta práctica europea la que terminó cautivando a los Estados Unidos. Tanto así que, según Fernández, el pueblo norteamericano heredó estas formas imperialistas de conquista y superioridad. Y cómo no celebrar al que les abrió un nuevo mundo de ideas de supremacía, el buen Columbus.

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Ahora bien, ¿serán estas realmente las razones detrás del Columbus Day y su celebración? Resulta poco probable que algún día vayamos a saber esto con certeza, aún así hay quienes creen que un conquistador que trajo violencia y esclavitud a esta región no merece ni día, ni desfile y ni siquiera un mensajito en el Face.

En el 2015, al menos 14 comunidades en los Estados Unidos alzaron su voz contra este día feriado. Ciudades como Seattle, Minneapolis, Denver y Phoenix, son algunas de las que exigen que el Columbus Day se transforme en el Día de las Comunidades Indígenas. Algo así como, “mejor celebremos lo que sobrevivió de aquel feroz colonizaje”.

El doctor Leo Killsback, ciudadano de la nación Cheyenne y profesor de Estudios Indígenoamericanos de la Universidad del Estado de Arizona lo dice muy clarito:

“Una de las confusiones sobre Colón es que él fue una persona recta. La verdad es que él era malvado y fue responsable por la violación y asesinato de indígenas inocentes… Debemos cuestionar por qué como estadounidenses seguimos festejando a Colón sin saber la verdadera historia de su legado…”.

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Próxima estación: La raza

En España hubiera sido difícil ponerse a celebrar el Día en que apañaron violentamente todas las riquezas de América, entonces decidieron hacer lo políticamente correcto. Una bonita celebración que uniera a España y a Iberoamérica llamada el Día de la Raza.

Como suele suceder en Latinoamérica, para dejárnosla caer con más cariño, nos pintaron la celebración del 12 de octubre como una forma de conmemorar una nueva identidad cultural. Esa bonita fusión “amorosa” entre los pueblos indígenas de América y los colonizadores españoles.

En México, el Día de la Raza llegó en 1928 de la mano de José Vasconcelos como una forma de celebrar el mestizaje entre la cultura europea y la del “nuevo mundo”. Así en Argentina, por ejemplo está el Día del Respeto a la Diversidad Cultural; en Nicaragua el Día de la Resistencia Indígena; y en El Salvador, el Día de la Hispanidad.

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Resulta curioso encontrar en varios países latinoamericanos una estatua del navegante genovés. De alguna forma es casi como si los pitufos hicieran un monumento a Gargamel. Una figura malévola cuyo único interés era apoderarse de esos pequeñines azules sin importar cuántos podrían morir en el proceso.

En algunas partes de América se ha criticado duramente el festejar un descubrimiento que trajo consigo conquista, genocidio y el sometimiento y destrucción de las culturas prehispánicas. Incluso en Europa, en Barcelona para ser exacto, se propuso recientemente que se removiera una estatua de Colón ubicada en una de las principales calles de la ciudad. La propuesta no fue aprobada, y es que de alguna manera desmitificar a Colón sería como aceptar que por años nos enseñaron a aceptar que estaba bien llegar a la tierra de otros, saquearla y violentarla a placer.

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Los menos críticos mencionan que el celebrar a nuestra raza es una forma de ver el vaso medio lleno. Se trata de resaltar aquella unión de culturas que con el paso del tiempo ha dado más cosas positivas a la humanidad, que malas. Sea como sea y tras toda esta polémica, lo único seguro es Columbus debe estar en Ohio.